Claves para vivir la Cuaresma

Cuaresma, Semana Santa, Pascua

Claves para vivir la Cuaresma

Por: Juan Carlos Liévano, Pbro, director del Departamento de Matrimonio y Familia CEC

El Señor nos vuelve a conceder este año un tiempo propicio para prepararnos a celebrar con el corazón renovado el gran Misterio de la muerte y resurrección de Jesús, fundamento de la vida cristiana personal y comunitaria. Debemos volver continuamente a este Misterio, con la mente y con el corazón (P. Francisco).

Los cuarenta días de la cuaresma son una oportunidad para valorar la vida en Jesús muerto y resucitado y para fortalecer nuestra fe. Es una oportunidad para crecer en familia madurando los procesos de conversión y para dar vida a través de los elementos clásico de la oración, el sacrificio, el ayuno y la caridad.

Proponemos cuatro claves para marcar el derrotero de este camino cuaresmal.

1. Vivir la Cuaresma en clave de oración: incrementar la vida de oración, de relación amorosa con el Padre, siguiendo a Cristo. Orar consiste en llenar el corazón con todo lo bueno que Jesús hizo. Cuaresma es tiempo para contemplarlo a Él y admirarlo. Es tiempo de escuchar sus palabras, de meterse en sus historias como invitado, como un discípulo/a más, como un amigo/a. Entonces descubriremos que no caminamos solos, y que de Jesús nos viene una confianza muy grande que nos hace capaces de amar más a todos. Las propuestas aquí pueden ser las siguientes:

  • Tener la Biblia en casa y en el lugar de trabajo para que la podamos leer.

  • Definir la hora y el lugar en que voy a orar diariamente, de manera personal, y si es posible ponernos de acuerdo en familia para meditar el Evangelio.

  • Escribir todos los días en forma de oración lo que descubro de Cristo en el Evangelio y lo que me quiere decir con ello, sacando de esto lo que tengo que trabajar más en mi vida.

  • Rezar el Padrenuestro más despacio de lo normal

  • Contemplar en oración el Vía Crucis por lo menos una vez en la semana.

  • Prepararnos para una buena confesión.

  • Asistir, si es posible, a Misa diariamente durante estos cuarenta días. O al menos los domingos, disponiendo nuestro tiempo para la participación plena en la semana Santa.

2. Vivir el ayuno en clave de solidaridad al modo de Cristo. Consiste en no alimentarnos de lo que no nos hace mejores. No se trata de comida, sino de cualquier actitud o acción que hace que nuestro ego muera un poco más. Por eso, nos proponemos ayunar al estilo de Jesús, que se apartó de muchas muertes para dar mucha vida:

  • Ayunar un poco de televisión, de celular y hablar más con los de casa, en familia.

  • Reducir algún gasto superfluo y donar ese dinero para una obra de caridad.

  • Revisar al acostarnos las malas palabras o acciones que sobraban en el día, y no repetirlas al día siguiente.

  • Ayunar de quejas sobre la comida, el tiempo, la gente, el trabajo, los deberes…

  • Ayunar de pensamientos negativos que nos quiten las ganas de vivir la vida que Dios nos regala cada día.

  • Ayunar de fantasías y sueños imposibles, y descubrir las maravillas que tenemos delante.

  • Ayunar de vicios, grandes comidas, lujos… También podemos dejar de devorar al prójimo con chismes, rumores y maledicencia.

3. Vivir el sacrificio en clave de la imitación de Cristo. Cada uno es libre de elegir los sacrificios que desea hacer durante la Cuaresma. Sin embargo, hacer un sacrificio conjunto con toda la familia une a sus miembros y llama a un crecimiento sano.

  • Buscar mi defecto dominante, porque es ahí donde más debo sacrificarme.

  • Hacer actos que contrarresten, por ejemplo, mi soberbia, mi egoísmo, mi sensualidad. Eso sí que cuesta, por lo tanto, es un sacrificio.

  • Proponer en concreto qué es lo que voy a hacer para sacrificarme todos los días: privarme del café o del chocolate en general, del teléfono celular cuando se está en una reunión, de los videojuegos…

4. Vivir la caridad misericordiosa en clave del compartir: la limosna se decía antes. Hoy nos suena mal, porque sabemos que no es limosna sino justicia lo que debemos vivir, que no hacemos sino devolver lo que la injusticia arrebata a los más pobres y desheredados.

  • Hacer un alto en mi diario caminar para no pasar de largo ante las necesidades de los demás; mirar, observar y analizar qué es lo que otros necesitan de mí y ofrecerles mi apoyo.

  • definir concretamente, qué es lo que voy a hacer

  • Formar un grupo familiar que se distinga por la caridad en que viven y por acercarse a los que más los necesitan de forma organizada y cálida, llevándoles la buena noticia de que Dios los ama y Jesucristo es nuestro hermano, al que estamos tratando de imitar para llegar a la Pascua eterna. No olvidemos que evangelizar es amar.

  • Acercarnos a nuestra parroquia ofreciéndonos como discípulos voluntarios, como misioneros en salida, para mitigar las necesidades de las personas de la comunidad.

  • Acompañar las iniciativas provida para promover una cultura de la vida.

  • Comprometernos en el impuso de la ecología integral.

Aprovechemos en estos días que faltan para la Pascua estas claves para “ponernos en forma”. Todo entrenamiento exige arrojo del que quiere salir adelante en el ascenso a la cima, y si lo que intentamos es ser verdaderos discípulos de Cristo, nuestro Maestro, Tenemos que ser arriesgados. ¡Ánimo! Encarguémonos tan solo de “entrenarnos” todos los días, y Dios se encargará de que nuestros esfuerzos no sean inútiles.  

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