Cuaresma, un llamado a la conversión.

Cuaresma, Semana Santa, Pascua

Cuaresma, un llamado a la conversión.

Por: Manuel Hernando Vega León, Pbro, director de los departamentos de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada CEC.

Durante el tiempo de Cuaresma se insiste en la importancia de acercarnos al sacramento de la reconciliación, fruto de un verdadero arrepentimiento del pecado y del firme propósito de orientar la vida con los criterios del Evangelio.

Antes de celebrar la pascua de resurrección, el pueblo cristiano se prepara mediante las practicas cuaresmales, que permiten al creyente reconocer su fragilidad, su pecado y a la vez, recurrir al auxilio divino, a la misericordia de Dios, para conducir la vida por caminos de santidad. Durante el tiempo de Cuaresma nos hacemos más sensibles a la hora de reconocer que somos pecadores, que el pecado nos separa de Dios, de los hermanos y nos llena de amarguras y tristezas.

Esta especial sensibilidad y delicadeza de consciencia nos hace doler el corazón, porque no hemos sabido construir la vida con los valores del evangelio, porque hemos puesto egoístamente la mirada solamente en nosotros mismos, porque hemos ofendido a Dios y a los hermanos con nuestros pensamientos, palabras, obras y omisiones.

El examen cuidadoso de la conciencia, confrontada con el evangelio, los mandamientos de la ley de Dios, las virtudes teologales, cardinales y las obras de misericordia, lleva al creyente a arrepentirse y buscar en la misericordia de Dios una nueva vida, con el firme propósito de no volver a pecar y pensar la vida en adelante, con un criterio distinto, el criterio de Jesús.

El reconocimiento del pecado y la necesidad del perdón se traducen en el bello acto del sacramento de la reconciliación.

Cuando el pecador arrepentido se arrodilla y confiesa al oído del sacerdote los pecados cometidos y, en un gesto cargado de amor y misericordia, se pronuncian las palabras de la absolución en las que se expresa el perdón de Dios, se nos impone una penitencia, con el fin de reparar el daño causado por nuestras faltas.

Al comenzar este tiempo de gracia, estamos llamados a acércanos a la celebración gozosa de la resurrección del Señor, con un corazón nuevo, limpio de pecado y cargado de buenas obras.

El sacramento de la reconciliación hace palpable el misterio de Cristo muerto y resucitado. Durante estos días vamos a participar de este gran acontecimiento redentor, invitados a morir al pecado y resucitar a una vida nueva.

Acerquémonos a la parroquia y dispongamos bien nuestras vidas para la celebración de la Pascua del 2020.

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