Prácticas cuaresmales

Cuaresma, Semana Santa, Pascua

Prácticas cuaresmales

Por: Enán Xavier Humánez, Pbro, subdirector Secretariado Nacional de Pastoral Social.

Cada año los cristianos católicos se preparan a la Semana Santa, que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, con cuarenta días de penitencia, ayuno y oración; actitudes bíblicas que vivió el pueblo de Israel, cuando salieron de la esclavitud egipcia en el desierto hacia la tierra prometida; y sobre todo, patentadas por Dios en Jesucristo antes de iniciar su misión publica de construir el Reino de Dios en la humanidad.

La fundamental actitud de los cristianos en este tiempo de cuaresma, está condensada en los mandamientos, especialmente en la Ley del Amor a Dios y al prójimo como a sí mismo. Sin embargo, la Iglesia, para propiciar esta vivencia del amor en actos concretos, a través la Palabra de Dios, la Tradición y las prácticas piadosas, viene reforzando esta vivencia del amor, expresada en una serie de comportamientos que ayudan a poner en practica esa vivencia del amor.

Por tanto, para no caer en el legalismo riguroso, se sugieren una serie de actitudes y compartimentos que favorecen y propicien un clima espiritual de preparación para renovar las promesas bautismales, mediante los mandamientos, las obras de caridad y otras sugerencias, que le ayudarán a preparar el camino del Señor esta Semana Santa, hacer un vía- crucis, camino de la Cruz, que conduce a la liberación integral, viviendo el mandamiento del amor.

Por tanto, acójanse estas actitudes y prácticas como sugerencias, pero no camisa de fuerza, o cargas que no contribuyen a la liberación, solo son formas y prácticas que, llevadas a la cotidianidad, se pueden convertir con el ejercicio práctico en virtudes, que le ayudarán a vivir en la presencia del Señor, y a desechar aquellos vicios, que le pueden estar impidiendo vivir a plenitud la Gracia de Dios en su vida.

La Palabra de Dios, está repleta de formas que ayudan a vivir a plenitud y en Felicidad la vida, y que no están supeditadas al tiempo litúrgico, sino que, perseverando se van configurando como normas de vida que encaminan hacia la patria celestial. Pedagógicamente se proponen tres grandes temas, pero que en realidad son unidad: 1. Amor a Dios. 2. Amor al prójimo, 3. Amor a sí mismo.

1.El amor a Dios es la fuente, primigenia de dónde se desprenden todos los demás amores. San Juan pablo II, dijo en alguna ocasión que, si se enseña a amar a Dios a un niño, no se tendría que corregir al hombre en una cárcel; porque de veras, el amor a Dios, el temor de Dios, es la gema, la piedra preciosa, el tesoro escondido, que ilumina las tinieblas del ser humano, y lo hacen vivir en una armonía relacional con los demás, consigo y la naturaleza.

Así, ¿cómo educarse en el amor a Dios? Es fundamental que los padres, las familias, los niños, jóvenes y adultos, mantengan una relación constante, permanente, perseverante con Dios a través de la Oración. La Iglesia Católica dispone de una variedad de métodos espirituales que facilitan el encuentro con Dios Uno y Trino. Desde el rezo constante del Padre nuestro, hasta leer y meditar diariamente la Palabra de Dios. Los monjes han regalado a la humanidad la Lectio Divina, con los cuatro pasos de la lectura, meditación, la oración, y la práctica de esta palabra. El Papa, los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos consagrados, oran con la Liturgia de las Horas, con el cual, siete veces al día consagran el tiempo a Dios. Hay quienes aman orar con María, y contemplan en más de una ocasión el Santo Rosario, que contiene en una semana los misterios gozosos, dolorosos, gloriosos, y luminosos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, a través de María Santísima. Por otra parte, muchas personas han incorporado en su estilo de vida espiritual, novenas, jaculatorias e intercesiones de los santos, que les ayudan a llevar una vida de piedad. También, va aumentando el número de fieles que separan un tiempo para hacer retiros espirituales, dedicando un tiempo de desierto y soledad con el Amado, y recargar sus energías, evaluando y proyectando sus vidas. Toda la vida sacramental es una forma de amar a Dios, al Prójimo y la creación; sin embargo, los dos sacramentos que arropan de manera conjunta la vida espiritual en este tiempo litúrgico, son la Reconciliación y La Eucaristía frecuente. Hay quienes frecuentan una vez por semana o mensual la penitencia, y esto permite una revisión contante de la vida, arrepentirse de las faltas cometidas con contrición de corazón, para que, ayudados por la Gracia del Señor puedan vivir el amor a Dios y a los demás en paz. El viacrucis los viernes, es un instrumento de oración, que a través de las estaciones permite ver reflejada el propio camino de la cruz, viviéndola a la manera de Nuestro Señor Jesucristo. La Eucaristía, es el sacramento culmen de la vida del cristiano, en el cual se anticipa el cielo en la tierra, nutrirse del alimento del Cuerpo y la Sangre, como de la Palabra en comunidad, fortalece la misión en el camino de la Vida.

2.El Amor al prójimo, es consecuencia del amor a Dios, son múltiples las actitudes y comportamientos que se pueden incorporar en la vida diaria, empezando con la regla de oro que propone el Evangelio: “trata a los demás, como quieres que te traten a ti” (Cfr. Mt 7,12) con amor, respeto, paz, dignidad, en un apalabra como hijos de Dios. Ver en todos los seres humanos el rostro de Dios, y tratarlo con tan alta dignidad, que amando y sirviendo a los demás, es al mismo Dios a quien se está sirviendo. En esta parte del amor, la Palabra de Dios ilumina variedad de acciones que reflejan esta regla de oro. Escrútense solo dos textos que ayudan a vivir la Caridad a la manera como Dios ama: San Mateo 5, 1-12 las bienaventuranzas y San Mateo 25, 34-40 las obras de caridad. Pensando en el prójimo, empezar revisando el amor y actitudes, hacia la familia, familiares y amigos. Entre padres, hijos, hermanos, primos, abuelos, tíos, vecinos, compañeros de trabajo, personas que trabajan en los servicios públicos, personas que se encuentra en los cruces de las calles. ¿Cómo las veo y cómo las trato? Católico significa universal, así, la fe, invita a trascender el amor reducido simplemente a los nuestros, y abrirse a toda la humanidad trascendiendo fronteras, culturas, lenguas, incluso religiones y formas de vida. Especial cuidado, merecen quienes son débiles y vulnerables a los ojos del mundo: pobres, los que lloran, sufren, atribulados, perseguidos, ignorantes, los que no tienen casa, vestido, alimentos, huérfanos, viudas, extranjeros, enfermos, habitantes de la calle; incluso aquellos a quienes la justicia los ha condenado y se encuentran en las cárceles.

3.Amarse así mismo, no significa caer en el narcisismo, se trata de condensar los dos anteriores amores a Dios y al prójimo, en cada uno, por donde pasa el amor. Es decir, yo amo al prójimo en la medida en que guardo un equilibrio y sano amor conmigo y con Dios. Es un ejercicio de valorarse, aceptarse con las limitaciones, comprenderse, vivir en paz consigo implica mirarse dentro, en esas dimensiones internas que comprenden los pensamientos, sentimientos, palabras y acciones. Jesucristo en su Palabra, invita a fijarse en el vaso por dentro; por tanto, es purificarse de aquello que nos hace daño, pues, lo que sale de dentro del corazón, es lo que hace impuro al hombre. ¡De esta manera, amarse a sí mismo, es ser testimonio vivo de Cristo, es más!, es ser otro Cristo en la tierra, actuando como Él actuó, pensar, sentir, hablar como Cristo. Se trata en últimas, de integrar el ser y el hacer, ya no, como una luz que se transmite a los que viven en tinieblas, sino cuando con tu propia vida te conviertes en luz para los demás.

Queridos hermanos y hermanas, este tiempo sea propicio para vivir el cielo en la tierra, pero sobre todo para ser otros cristos, es lo que la Iglesia propone, vivir la auténtica fraternidad universal. Auguro un tiempo propicio para vivir eternamente la Pascua del Señor.

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