Sentido del Vía Crucis

Cuaresma, Semana Santa, Pascua

Sentido del Vía Crucis

Por: Jairo Alberto Montoya, Pbro, director departamento de liturgia CEC.

El Vía Crucis es la síntesis de varias devociones surgidas entre los fieles desde la edad media y que tienen que ver con la visita devota de los lugares de la Pasión del Señor, las “caídas de Cristo” bajo el peso de la Cruz; igualmente, también, la devoción a los momentos en los que Jesús se detiene durante su camino al Calvario.

En su forma actual, que está ya atestiguada en la primera mitad del siglo XVII, el Vía Crucis, difundido sobre todo por San Leonardo de Porto Mauricio (+1751), ha sido aprobado por la Sede Apostólica, dotado de indulgencias y consta de catorce estaciones.

El Vía Crucis es un camino amado por la Iglesia, que ha conservado la memoria viva de las palabras y de los acontecimientos de los últimos días de Jesús. En este ejercicio de piedad confluyen, también, diversas expresiones características de la espiritualidad cristiana como la comprensión de la vida como camino o peregrinación, el paso del exilio terreno a la patria celeste, el deseo de conformarse profundamente con la Pasión de Cristo, el anhelo del discípulo de caminar detrás del Maestro, llevando cada día su propia cruz (cfr. Lc 9,23).

Por todo esto el Vía Crucis es un ejercicio de piedad especialmente adecuado al tiempo de Cuaresma.

En su forma tradicional, el Vía Crucis, con sus catorce estaciones, es considerado como la forma típica de este ejercicio de piedad, aunque en algunas ocasiones, se pueden sustituir estaciones por otras que reflejen episodios evangélicos del camino doloroso de Cristo; y aunque es un ejercicio de piedad que se refiere a la Pasión de Cristo, también es recomendable que concluya de modo que los fieles se abran a la expectativa de la Resurrección.

Es muy recomendable que la selección del texto, guía para la realización, se haga teniendo presente la realidad de los que participan en el ejercicio de piedad, dado importancia también a las palabras de la Biblia correctamente aplicadas y en un lenguaje adecuado.

Una realización del Vía Crucis, en el que se alternan oportunamente palabra, silencio, canto, movimiento procesional y parada meditativa, contribuye a que se obtengan los frutos espirituales propios de este ejercicio de piedad. (Cfr. Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia 131-135)

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